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MÁS 1.200 PERSONAS MAYORES RECORREN LOS LUGARES MÁS EMBLEMÁTICOS DE JORDANIA Y JERUSALÉN CON CCM

Toledo, 14 de mayo de 2010.- La Ciudad Vieja de Jerusalén con el Muro de las Lamentaciones o la basílica del Santo Sepulcro, Belén, el Monte Nebo, el mar Muerto, la ciudad romana de Gerasa, la capital jordana, Amán, y Petra, una de las siete maravillas del mundo moderno, han sido algunas de las estaciones del viaje organizado por la Obra Social de CCM y que han disfrutado más de mil doscientos personas mayores con pensión domiciliada en la entidad.

Ocho grupos en total, procedentes de las cinco provincias de Castilla-La Mancha y de otros ámbitos de actuación de la Caja han visitado en ocho días tres países: Jordania, Israel y Palestina. Un completo recorrido que aúna los lugares más emblemáticos del Antiguo y Nuevo Testamento cristiano con joyas de la Humanidad como Petra y lugares destinados al descanso y la salud como el mar Muerto.

Un viaje que además da la oportunidad de conocerse a un gran grupo de personas diversas, pero que comparten la ilusión por conocer, divertirse y tener una bonita experiencia que, a la vuelta, seguro, han contado con satisfacción a su familia y amigos.

Y es que nuestras personas mayores, nuestros jubilados, se merecen disfrutar de estos años, después de una vida dedicada al trabajo y al cuidado de la familia. Por eso, y conscientes de que éste es su mejor momento, la Obra Social CCM organiza diversos proyectos dedicados a hacer que su vida diaria sea lo más llena y activa posible. No sólo con viajes como éste, sino también con otras iniciativas tan interesantes como los Cursos de Informática y Nuevas Tecnologías o los Encuentros con la Naturaleza y el Patrimonio.

Actividades importantes no sólo para llenar su tiempo libre y favorecer sus relaciones personales, sino también para que disfruten formándose y conociendo la cultura y el arte de otros países a través de visitas organizadas. La Obra Social de CCM y CCM viajes cuentan ya con diez ocho años de experiencia realizando este tipo de viajes con gran éxito de satisfacción. Uno de los aspectos más valorados de estas iniciativas es su buena organización, ya que muchas personas no se atreverían a hacer este tipo de viajes por su cuenta, y con CCM es posible.

De Amman a Jerusalén
El viaje comienza en Amman, la capital jordana, la ciudad que ahora se extiende sobre diecinueve colinas. La urbe es el centro comercial y administrativo de Jordania, y el bullicio incesante es buena prueba de ello. La visita panorámica ofrece espectaculares vistas de la antigua Ciudadela, la mezquita del rey Abdullah o la del rey Hussein.

A media hora de Amman encontramos la ciudad grecorromana de Gerasa. El lugar está reconocido como una de las ciudades romanas mejor conservadas del mundo, con pavimentos y calles adornadas con cientos de columnas, templos elevados, espectaculares teatros, espaciosas plazas públicas, mercados, baños y manantiales.

El recorrido comienza en el arco triunfal de Adriano, para pasar después al hipódromo. Tras recorrer la zona de la muralla, los ojos de los viajeros de CCM se centran en el espectacular Forum, una magnífica plaza oval de 90 metros de largo por 80 de ancho. Sin duda la imagen que permanece en la retina a pesar del cardo máximo, la calle principal a cuyos lados se sitúan numerosas columnas y restos de templos como el de Artemisa, el de Zeus, el Teatro Sur o el Tetrapylon norte.

Un viaje en autobús los condujo por el valle del Jordán hasta Jerusalén. La primera vista de la ciudad es la majestuosa Cúpula de la Roca, la enorme cúpula forrada en oro que destaca sobre el paisaje urbano de Jerusalén. La llamada Ciudad de la Paz cuenta con un patrimonio religioso único en el mundo y agrupa los sueños y la fe de las tres grandes religiones monoteístas: judaísmo, islamismo y cristianismo.

Antes de visitar la parte vieja de Jerusalén, los mayores de CCM pudieron ver los “milenarios” olivos del huerto de Getsemaní y la bonita basílica erigida en esta ubicación, y la ciudad palestina de Belén, donde los más fieles disfrutaron de la Basílica de la Natividad.

La Ciudad Vieja de Jerusalén está dividida en cuatro barrios: musulmán, judío, armenio y cristiano. Recorrer a pie sus callejones repletos de gente y bazares es toda una experiencia que hace al viajero retroceder en el tiempo y notar el peso de la historia en todos sus rincones.

El barrio musulmán es el más poblado y activo. La Vía Dolorosa lo cruza desde la Puerta de San Esteban hasta la iglesia del Santo Sepulcro, ya en el barrio cristiano. El camino que hizo Jesús cargando la cruz hasta el Calvario señalado en cada una de las estaciones hasta llegar a esta basílica levantada en el Golgota y que hoy, además, es la sede del Patriarcado Ortodoxo de Jerusalén.

Para finalizar la visita a Jerusalén, nada mejor que el Muro de las Lamentaciones. A primera vista se trata de un simple muro de piedra de algo más de 15 metros de altura, pero es el lugar más sagrado para el judaísmo y, sin duda, un elemento fascinante para los que lo visitan.

La zona frente al muro es como una gran sinagoga al aire libre, dividida en dos zonas separadas para hombres y mujeres. Acercarse implica, para los hombres cubrir la cabeza, y para las mujeres ir “correctamente tapadas”. Una vez junto al muro, los mayores de CCM continuaron con la tradición y deslizaron entre las rendijas de las piedras que conforman el muro sus deseos escritos en pequeños trozos de papel. Una acción que para los judíos es como entregárselo a Dios en su propia mano.

El desierto y Petra
De nuevo en Jordania, de camino a Aqaba es obligada la parada en el lugar más venerado del pais, junto al río Jordán: el monte Nebo. El monumento a Moisés y donde, según cuenta la Biblia, murió a la edad de 120 años y está enterrado. Desde una plataforma situada delante de la iglesia se puede disfrutar de una espectacular vista sobre el valle del Jordán y el Mar Muerto. La misma que Dios debió mostrar a Moisés, con el fondo de la Tierra Prometida, pero a la que jamás pudo llegar.

Llegar a Aqaba, el único puerto de salida de Jordania al mar (mar Rojo), supone también atravesar el desierto del Wadi Rum. Nada que ver con un desierto de arena, el Wadi Rum, famoso por Lawrence de Arabia, recuerda más a un paisaje lunar. Roca y más roca, y montañas de colores cambiantes con la luz del día que emergen de forma vertical de la llanura.

Pero, sin duda, el punto central de una visita a Jordania es Petra. Fundada por los nabateos en el siglo VI a.C., la ciudad excavada en la roca tiene también vestigios romanos y mulsulmanes.

La fachada de la Cámara del Tesoro, a la que la película de Indiana Jones y la última cruzada ha hecho aún más famosa, es la imagen de Petra. Pero el lugar es mucho más. El recorrido, recto al principio y salpicado de tumbas y monumentos excavados en la piedra, comienza, de repente, a serpentear. Entramos en el Siq (desfiladero).

Una inmensa grieta en la piedra de arenisca que se abre a lo largo de un kilómetro y medio entre profundos acantilados que, en ocasiones, llegan a los 200 metros de altura por sólo cuatro de ancho. Un camino espectacular por sus altas paredes de piedra, por la estrechez de parte del camino, pero, sobre todo, por la luz que proyecta el sol y los colores y vetas que se forman en la roca.

A medida que recorremos el Siq, cada vez que doblamos un recodo del camino esperamos encontrar la “foto” de Petra, esa imagen parcial de la Cámara del Tesoro entre los acantilados, que identifica el conjunto de la ciudad de Petra. Por mucho que se haya visto, imaginado y soñado, la primera visión de la fachada terrosa y rosada de del Tesoro con sus relieves carcomidos por el tiempo, la lluvia y el viento, sus columnas corintias, sus capiteles... deja una sensación de asombro que es difícil de superar.

Tras el Tesoro, la joya de la corona, bien pudiese parecer que se acaba Petra. Nada más lejos de la realidad, el camino que prosigue es también una maravilla para la vista. El Teatro, la calle de las Fachadas con 40 tumbas y casas construidas por los nabateos, las impresionantes Tumbas Reales…

Para acabar el viaje, el Mar Muerto. A más de 400 metros por debajo del nivel del mar, es el punto habitado más bajo de la tierra. Un lugar para descansar y relajarse, en el que recuperarse de un intenso viaje que ha hecho las delicias de los pensionistas de CCM.



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