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Lo conveniente
para trabajar con diversos tipos de discapacidades es la creación de una
sala con subespacios distribuidos o “rincones” con funciones
determinadas, como son:
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Espacio visual: con luces muy suaves
al inicio para adaptarse al contraste de la luz exterior, escapando de
las brusquedades e intensificando sus efectos una vez que la vista se
ha adaptado. Es conveniente trabajar con espejos para crear sensación
de amplitud.
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Espacio de proyección: sobre las
paredes blancas se proyectan efectos de imágenes para cautivar la
atención, evitando las imágenes agresivas que provoquen rechazo.
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Espacio de olores y gustos: Ambos
sentidos trabajan juntos, por lo que se pueden trabajar combinaciones
como colores y gustos y olores y luz, relacionándolos simultáneamente
y combinándolos según las necesidades.
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Espacio táctil: Es un espacio
elemental, ya que las personas con discapacidad intelectual utilizan
frecuentemente el tacto para formarse una imagen del entorno.
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Espacio auditivo: se trabaja con dos
posibilidades. El espacio silencioso para evitar cualquier
perturbación exterior indeseable con el fin de transmitir calma e ir
incorporando progresivamente sonidos o música para provocar estímulos,
o bien la música aplicada para generar ambiente o para suscitar
reacciones.
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